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LA IMPORTANCIA DE AHORRAR ENERGÍA PARA MEJORAR LA SALUD MEDIOAMBIENTAL

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Ahorrar energía es una obligación moral que todo ser humano tiene con respecto al medio ambiente y la naturaleza. Desde nuestras ciudades y desde nuestras casas podemos hacer por el planeta mucho más de lo que pensamos. Basta de pelear por lo que hacen o no hacen los gobiernos. Tenemos que actuar nosotros sin importar qué hagan los demás.

Nuestra lucha contra el cambio climático debe comenzar a nivel individual, por que la suma de millones de acciones suman para producir el cambio. La diferencia se marca por las acciones que decidamos adoptar en nuestras casas. Sentarse a esperar es muy sencillo. Pero la situación requiere que todos aportemos.

Todos consumimos grandes cantidades de energía en nuestro día a día y generamos en consecuencia contaminación y diferentes deshechos. Cocinar, comunicarnos, desplazarnos y enfriar nuestros hogares en verano requiere un gran consumo de energía. Dicha energía se obtiene mayoritariamente de fuentes contaminantes.

Este consumo se ha disparado por nuestra forma de vida y por el aumento de la población mundial, lo que ha empeorado nuestra huella de carbono. La consecuencia más directa es el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y un aumento generalizado de las temperaturas, es decir, el calentamiento global.
Por tanto, realizar un uso responsable de la energía se ha convertido en una necesidad para nuestro planeta.

Y es que nuestro modelo de vida y consumo está deteriorando los ecosistemas a una velocidad preocupante. No obstante, podemos cambiar la situación.

Comenzar a ahorrar energía en nuestros hogares es el primer paso

Ahorrar energía en las múltiples actividades domésticas que realizamos cada día es realmente fácil si atendemos a lo mucho que solemos derrochar. Un claro ejemplo es el uso de la secadora para la ropa. Si nos acostumbráramos a tender en lugar de utilizar este electrodoméstico estaríamos ahorrando grandes cantidades de energía.

En general, un uso más racional de los electrodomésticos de bajo consumo podría llevar a una reducción energética de entre el 40% y el 70%. Un claro ejemplo, es utilizar la lavadora y el lavavajillas cuando estén completamente cargados y con programas de agua fría siempre que sea posible. Además, también lo notaríamos en el bolsillo.

Algo tan simple como no abrir las puertas del frigorífico o el congelador puede marcar también la diferencia. Cada vez que lo hacemos, este electrodoméstico consume más energía para mantener la temperatura. Si sólo lo abrimos cuando sea estrictamente necesario, el consumo sería mucho menor. Igual sucede si dejamos de guardar comida caliente.

Nuestra forma de cocinar también puede ser determinante en este aspecto. Una cocina de gas que genera el calor directamente es mucho mejor que una vitrocerámica en la que el calor se obtiene a partir de la energía eléctrica. Por otro lado, utilizar tapas y ollas a presión, reduce el tiempo de cocinado y con ello el consumo energético.

Aunque a continuación vamos a hablar de esto más detenidamente, te adelantamos que deberías reducir el uso del aire acondicionado todo lo posible. Abrir las ventanas a primera hora de la mañana y cerrarlas a las horas centrales del día son un método útil para mantener fresca las estancias.

Finalmente, utilizar bombillas LED y apagar los aparatos eléctricos en lugar de dejarlos en “stand by” son otra práctica que todos deberíamos hacer.

Ahorrar energía en el hogar: ventilador vs aire acondicionado

Te hemos dicho que para ahorrar energía en casa debes limitar la utilización del aire acondicionado. Vamos a aceptar que el método de abrir y cerrar ventanas no te guste porque donde vives hace un calor insoportable en verano. Pero aún así, hay otras opciones antes que tener todo el día el aire funcionando.

Un ventilador (te recomendamos que sea de techo) puede reducir el consumo de energía hasta en un 90%. Además, son sencillos de utilizar y suelen ser mucho más silenciosos que el aire acondicionado. Al contrario de la creencia popular, los ventiladores no enfrían el aire si no que lo mueve. ¿Qué significa esto exactamente?

Es muy sencillo. Nuestro aire acondicionado genera calor, aumentando la temperatura del aire que hay a nuestro alrededor. El ventilador mueve dicho aire, de manera que se consigue enfriar el ambiente de forma natural. Teniendo en cuenta que este invento se puso en práctica para enfriar fábricas, no deberías dudar de su eficacia.

El ministerio de Industria, Energía y Turismo ha dictaminado que un ventilador puede llegar a reducir la temperatura media en hasta 5ºC en una habitación. Es posible que te guste estar en casa a 20ºC, pero… ¿realmente no puedes conformarte con 25ºC? De nuevo, hablamos de un acto de responsabilidad y compromiso.

Hay ventiladores de diferentes tamaños para adecuarse al tamaño de la habitación que quieres enfriar. Además, los puedes combinar con otros elementos de protección solar como persianas, toldos, pinturas claras, plantas, etc.

Cómo reducir el consumo energético en las grandes poblaciones

Cuando hemos conseguido ahorrar energía desde nuestros hogares, llega el segundo paso natural: el ahorro energético desde las ciudades y grandes núcleos de población. Optimizar el uso de los recursos públicos es además una manera de mejorar la economía municipal y disponer de inversiones para otras necesidades.
Las ciudades consumen cerca del 70% de la energía mundial, suponiendo también cerca del 70% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Los sistemas de alumbrado, por ejemplo son responsabilidad de los municipios, sin embargo, en un gran porcentaje, no se disponen de recursos suficientes para la modernización y mantenimiento de los mismos.

Una explicación sencilla de lo que es la eficiencia energética es que se tiene que obtener más energía con un menor consumo. Esto, en términos de medio ambiente es fundamental. No podemos olvidar que más allá de ser un desastre natural, el cambio climático afecta a nuestra salud de forma directa.

Desde las grandes ciudades, hay tres aspectos fundamentales en los que debemos esforzarnos por producir un gran cambio:
– Tecnología LED: las bombillas led en el alumbrado público reducen considerablemente las emisiones de CO2 y su eficiencia energética puede llegar a ser hasta un 60% mayor que las bombillas tradicionales.
– Sistemas de control inteligentes: estos sistemas pueden programarse para disminuir y aumentar la intensidad lumínica en función al nivel de circulación, el día de la semana o el mes del año.
– Edificios sostenibles: aquí hay muchos factores que juegan un papel determinante. Las construcciones deben tener un equipamiento moderno, eficiente y respetuoso con el medio ambiente. Aspectos como las azoteas con plantas ayudan a reducir la temperatura reduciendo el consumo de energía como por ejemplo los aires acondicionados.

Otros sectores como el suministro de agua y el transporte también deben modernizarse hacia un sistema sostenible. Hay muchos ejemplos de ciudades y barrios sostenibles a nivel mundial. Deberíamos fijarnos en ellos y copiar todo lo que está funcionando.

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